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La transformación de Tommy Robredo

La transformación de Tommy Robredo
Tommy Robredo foto: Phil Cole - Getty Images

Robredo asciende al número 18 del ránking mundial tras vencer en la final del Godó a Gaudio

Barcelona, .- La transformación de Tommy

El campeón del Godó, siempre un jugador con 'mano', está trabajando táctica y físicamente para ser más agresivo que antes en la pista.

Un servidor fue testigo directo del partido. Aquel chaval debía tener unos 12 años, era uno de los mejores infantiles del momento y ya jugaba en el equipo sénior de su club, el CN Olot. Su rival tenía diez años más que él, alguien de nivel en Girona. No se sabe cómo –bueno sí, el crío tenía 'mano'– los tiros más potentes de su adversario obtenían respuesta una y otra vez desde el otro lado de la red. Al muchacho le endosaron un 6-0 en el primer set, pero fiel a la picardía conocida hoy por todos, corriendo a derecha e izquierda, incansable, remontó y ganó en tres sets.

Sirva esta anécdota para certificar que Tommy Robredo ya tenía desde pequeño un don natural con la raqueta: sabía devolver y entrar bolas dentro, buena señal para detectar a un buen tenista de futuro. La fuerza ya llegaría con la edad. Aquel renacuajo respondón es hoy un tenista hecho y derecho que ya figura en el palmarés del Godó junto a leyendas como Ivan Lendl o Mats Wilander.

Con la llegada de Mariano Monachesi, su entrenador desde noviembre de 2003, el catalán parece haber dado un paso adelante. “Ha trabajado mucho para aumentar su velocidad de juego y de pelota para obtener puntos gratis, ser más agresivo y cerrar puntos en la red. Antes no es que pecase de conservador, sino que tenía armas escondidas que las podía utilizar más. Para subir un poquito de ránking necesitas ser un poco más agresivo porque necesitas lastimar a los rivales”, afirma el técnico argentino.

Mucho corazón

Su actuación en la final del Godó siguió ese patrón al pie de la letra. “Le pongo un 10 porque el partido fue muy largo, muy intenso, le puso mucho corazón y aguantó las adversidades. Lo planteamos a tirar mucho, tomar la iniciativa, jugar dentro de la cancha, cerrar puntos en la red. No es fácil jugar muchas horas así, se notó que lógicamente a veces tenía que bajar, pero yo le pongo un 10. Durante la final y toda la semana”, valora Monachesi, que no cambiará los objetivos. “Serán los mismos. Terminar lo más arriba posible en el ránking, top-15, top-10, lo que pueda, y seguir aprendiendo”.

De momento, Robredo ascendió ayer al nº 18 mundial y hoy jugará contra Philippoussis en Roma. Wimbledon es el Grand Slam que más le gustaría ganar, aunque él admite que es en Roland Garros donde tiene más opciones. Tras apear a Hewitt y Kuerten, el año pasado estuvo a un set de las semifinales, pero finalmente cedió ante Costa. “Le puede ir muy bien, pero no puedo decir si puede ser el ganador de Roland Garros. Se tiene que jugar muy bien para ganar en París. Ojalá alguna vez lo gane, pero no me gusta 'futurizar' con eso”, dice 'Mona', que elogia la profesionalidad del Robredo alumno.

“Es terrible, es admirable trabajar con él por su entrega y lo abierto que es para incorporar cosas. El ímpetu y el corazón que le pone a los entrenamientos son admirables. Te hace el trabajo bastante más fácil. Por más que vayan bien o mal las cosas, él siempre es así. El tipo se merece esto y mucho más. Que lo disfrute”, resalta su entrenador.

Robredo también está mejorando su preparación física. “Tommy es un caballo de carreras de alta calidad. Físicamente además de ser muy completo de base, es un tío muy explosivo y muy rápido. Me parece que le han hecho unas 30 dejadas entre González y Gaudio y el tío ha estado perfecto”, señala su preparador físico, Sam Porcel. “Y todavía tiene margen de progresión. Estamos trabajando en el tema de la musculatura, que coja todavía un poco más de fuerza para poder golpear aún más fuerte la bola. Acaba de cumplir 22 años, y el margen que tenemos de trabajo es aún muy grande”.

Tommy nació en Hostalric, pero cuando él tenía cuatro años la familia se trasladó a Olot. Su padre, Ángel, dejó su trabajo en una empresa química y aceptó una oferta del CN Olot como entrenador de tenis, su pasión. En sus pistas rápidas, el padre inició al hijo y desde niño destacó sobre sus compañeros. Carles Vicens, coordinador de los Centros de Tecnificación, le detectó para la Federació Catalana, pero Tommy tenía sólo 11 años, demasiado joven para irse a entrenar a Barcelona o Girona. Para ayudarle, Vicens se desplazó a Olot dos veces por semana durante tres años. Luego, de la mano de la Federación Española, dio el salto al CAR de Sant Cugat con 14 años. Miko Margets y Juan Bautista Avendaño compartieron entrenamientos y viajes con él durante cuatro años, momento a partir del cual la responsabilidad recayó en Margets, su técnico hasta 2003.

Lluís Carles Pérez / Barcelona / Mundo Deportivo


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