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Feliciano López

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Toledo, .- Super López

Un soberbio 'Feli' López arrolló en tres sets a Ancic, y en cuartos se enfrentará a Hewitt

Cuarto español que supera los octavos masculinos, primero desde Orantes en 1972

A la tercera fue la vencida, emergió 'Súperlópez' e hizo un poco de historia en Wimbledon. Rompió una barrera que se había visto en el infinito, un listón que antes sólo habían superado otros tres jugadores españoles, el campeón Manolo Santana y los semifinalistas Andreu Gimeno y Manolo Orantes. Éste, en 1972, era la referencia más cercana aun en la lejanía. Ayer, un zurdo como el granadino, 'Feli' López le pegó una soberana patada al muro de los octavos en el All England Club, el mismo en el que había tropezado en 2002 contra el brasileño Andre Sa y en 2003 frente al suizo Roger Federer.

Ningún español de las recientes generaciones había puesto tanto empeño en dar ese paso a cuartos. Para él la hierba es su casa, la superficie en la que mejor puede desarrollar su juego de saque y volea. No es un 'typical spanish', como incidió una vez más ante la curiosidad de la prensa internacional, y para él el verde está por encima del rojo de la tierra batida. Tanta pasión, a la vez que cualides innatas para el medio, encontró ayer un primer premio.

'Feli' López, impacable como en la ronda anterior contra Marat Safin, tumbó por K.O. a un semifinalista de 2004, el croata Mario Ancic. Venció 6-4, 6-4, 6-2, en 1h.40', al reciente vencedor del ATP de Hertogenbosch, a un enemigo temido en hierba. Conocido como el 'pequeño Goran (Ivanisevic)' o 'Súpermario', el balcánico sin embargo menguó ante el poder de 'Superlópez'. “Estoy muy feliz por ser el primer español en 33 años que se mete en cuartos, era un sueño para mí. Es un dato increíble, y lo que más me enorgullece es que era algo que venía buscando desde hace tiempo ya que Wimbledon es mi torneo preferido”.

'Feli', formado en el CAR de Sant Cugat desde los 14 años, ha cubierto un objetivo, “aunque no me conformo con esto tal como estoy jugando”. No se da por satisfecho con la antepenúltima ronda, ni siquiera cuando delante tendrá mañana al australiano Lleyton Hewitt, el mejor en la 'Catedral' en 2002. Quiere más, aunque con precaución. “Llegados a cuartos, es fácil soñar con más, aunque mi prioridad es concentrarme en el próximo partido porque es así como hay que hacer las cosas”.

El jugador español pasó una dura experiencia a principios de temporada cuando fue protagonista en la derrota de España en Eslovaquia, en la Copa Davis. Por vez primera acarreó con la condición de número uno, y lo pagó con unos nervios que le traicionaron. Frustrado, los resultados negativos se encadenaron. Estaba un tanto preocupado, pero a las personas del entorno más próximo les repetía una y otra vez que había que esperar a Wimbledon para que esta tendencia cambiase. Llegó a Londres con un balance de sólo seis victorias en diecisiete encuentros, “pero aquí se transforma”, subrayaba Jordi Vilaró, su entrenador junto a Francis Roig.

El mejor Feliciano tiene como capital Londres. Aprovecha al máximo sus mejores golpes, el saque, la volea y el revés cortado, y refuerza los puntos más débiles. “Hemos hecho muchos cubos de pelotas sólo ensayando el resto”, explicaba Jordi Vilaró. Y sí, también está leyendo el servicio del rival. Además, aguanta de fondo. Aunque nada de esto sería posible si la cabeza no acompañase. Y no hay sitio en el planeta donde 'Feli' sea capaz de mantener la concentración durante tanto tiempo.

“En el tenis actual el 80 por ciento es confianza. Sólo Federer marca diferencias con el juego, el resto estamos igualados y manda el que tengas más o menos confianza”. Y 'Feli' cree ciegamente en sí mismo. El sufrimiento de la ronda inicial, cuando levantó dos sets a uno en contra ante el alemán Bjorn Phau, acabó valiendo la pena. Reforzó su moral, que creció con la paliza a Sherwood y asentó eliminando a Safin.

Ancic, 15 dobles faltas

Contra Ancic, 'Feli' sólo titubeó en un juego. Perdió su saque cuando dominaba 1-0 en el segundo set. Aunque a continuación tomó de nuevo ventaja. Su seriedad y dominio de la situación contrastó con la vía del suicido que cogió Ancic. Un loco como su admirado Ivanisevic, se empeñó en arriesgar con el saque pese a la falta de inspiración con el mismo.

Sólo entró un 45 por ciento de primeros saques, pero no varió un ápice el planteamiento inicial. Y lo pagó con 15 dobles faltas. Un regalo que explotó 'Feli', que no desaprovechó nada. El español dejó caer la raqueta al suelo en señal de alegría. Pero su gesto de celebración no desbordó euforia. Tiró bandana y muñequeras a la grada, pero conteniendo los sentimientos. Lógico, la faena no ha concluido. “No lo he conseguido todo, sé que estoy ante una gran oportunidad”, afirmaba sereno Feliciano. Nunca había estado tan adelante en un Grand Slam, pero también es consciente de que “aquí puedo dar el bombazo”

Ángel Rigueira / LONDRES /Mundo Deportivo


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